¿Debemos tumbar la estatua de Cristóbal Colón?

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Escribe el Dr. Psiquiatra Joel Alfonso Ñufflo Hoyos

La pandemia ha generado que se agudicen los problemas de salud mental existentes, además de un impacto económico negativo en la población, lo que mantendrá condiciones desfavorables serias para el cuidado de la salud emocional de la población, incrementándose la prevalencia, incidencia y complicaciones de enfermedades mentales.

Es importante mencionar que para la población general los siguientes, son factores de riesgo para aparición o incremento de síntomas de ansiedad y depresión: aislamiento social, disminución de ingresos, limitación en actividad física o falta de ésta, acceso limitado a servicios básicos, incremento en consumo de bebidas alcohólicas y otras drogas, pérdida de soporte social y familiar. Es necesario comentar que el incremento de consumo de alcohol y otras drogas, aumenta el riesgo de violencia doméstica, así como de agresiones sexuales.

Consideración especial, en tiempos actuales tiene que ver con prestar atención a los sobrevivientes de casos severos de infección por COVID 19, ya que en muchos de ellos se puede observar características clínicas de Trastorno de estrés postraumático (TEPT); las cifras de pacientes que cumplen los criterios diagnósticos ameritan ser estudiados, en otras realidades, así como en Perú. Estudios pasados en sobrevivientes de infecciones severas por SARS Y MERS, señalan prevalencias de 32.2% de TEPT, 14.9% de depresión, y 14.8% desórdenes de ansiedad.

Las características de los pacientes con enfermedades mentales, los expone a un mayor riesgo de contraer infecciones por COVID 19, en parte porque les es más dificultoso incorporar o seguir las indicaciones del confinamiento, y porque requieren asistencia algunas veces para sus desplazamientos. Se debe considerar además que las limitaciones a servicios de salud y de acceso a medicamentos previos a pandemia, se incrementaron una vez declaradas las medidas de confinamiento. El distanciamiento, aislamiento y el cambio de rutina; pueden exacerbar muchos desórdenes psiquiátricos o desencadenar algunos que esperaban una situación de estrés para hacer su aparición.

La limitación a accesos a servicio de salud, exacerbada por las medidas de confinamiento, impide o no facilita la atención de situaciones especiales como la atención de ideas o pensamientos suicidas que pueden aparecer en pacientes psiquiátricos y en la población general. Las desestabilizaciones de enfermedades mentales crónicas, generan deterioro en las capacidades mentales en los individuos que lo padecen, cuanto también demanda más utilización de recursos farmacológicos y se requiere muchas veces más tiempo de internamiento en las ya limitadas unidades de psiquiatría, tanto de hospitales generales como de hospitales y clínicas psiquiátricas.

También debemos tomar en cuenta la salud mental de los trabajadores que atienden directamente a personas con infección por COVID 19 en los servicios de emergencia y salas de terapia intensiva. Algunas condiciones como falta de soporte social, percepción de abandono por falta de sus autoridades, trabajar en condiciones de riesgo, falta de entrenamiento en manejo de desastres, temor a contagiar a sus familiares o enfermar, ausencia en la participación de obligaciones familiares, maltrato de parte de la sociedad que los percibe como vectores de contagio; traen como consecuencia que 50% de trabajadores tengan síntomas de depresión, y una cantidad similar de síntomas de ansiedad. Además, se ha demostrado que los trabajadores con dificultades de sueño, tienen más prevalencia de ideas suicidas, y por tanto más riesgo de intentos de suicidio. Se requiere además desplegar estrategias que incluyan la atención de salud mental, de quienes trabajan en el cuidado de la misma. Debemos recordar que la tasa de suicidio en la población general en el Perú es de 4.5 por 100 000 habitantes.

La pandemia afecta de manera diferente a hombres respecto a mujeres. Así, se estima que alrededor de 35% de mujeres han perdido el trabajo, por varias razones. Representa un motivo de estrés para las mujeres estar atenta a las labores del trabajo remoto, y a la vez estar pendiente del cuidado de menores, adultos mayores, y tareas escolares. Antes de la pandemia podía esperarse que con las mismas calificaciones, una mujer reciba en promedio 30% menos salario por la misma actividad laboral, la desventaja se incrementará durante la pandemia.

Se debe considerar también, las estrategias desplegadas por las instituciones de salud, para poder afrontar la atención de salud mental en pandemia; por ejemplo se privilegia resolver las urgencias psiquiátricas en las áreas destinadas para ello, limitándose a las que requieran mayor necesidad; limitación de consultas ambulatorias presenciales, reducción de tiempos de internamiento de pacientes psiquiátricos, los ambientes destinados para internamiento, deben contemplar que se puedan mantener las medidas de distanciamiento, por tanto se han reducido el número de camas ofertadas para dicho propósito, se ha implementado la telemedicina para poder atender a la población y reducir el desplazamiento tanto de pacientes como familiares de pacientes tributarios de atención de salud mental. Se requiere reforzar el sistema de atención comunitaria, tanto para seguimiento y monitoreo de casos.

El trabajo en salud mental, por tanto exigirá un doble esfuerzo, de investigación, diagnóstico situacional, evaluación de las estrategias desplegadas en pandemia, y preparación para la atención de incremento de casos, tanto en la población general, pacientes psiquiátricos previamente enfermos, sobrevivientes a casos severos por COVID 19, duelo de familiares, poblaciones vulnerables como niños y adolescentes que han visto cambios notorios en sus rutinas, y también por supuesto, el personal de salud.

No podemos finalmente dejar de considerar algunas cifras; de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, el Perú tiene en promedio 3 psiquiatras y 10 psicólogos por cada 100 000 habitantes. Para el año 2019 el presupuesto del sector salud, era alrededor de 21 000 millones de soles; siendo el presupuesto destinado para atención de salud mental 318 millones. Es nuestra realidad, y por tanto plausible de ser mejorada con voluntad política y conocimiento de la realidad por parte de la población general.

*Médico Psiquiatra, Direccion Médica Clínica Vila Salud / Hospital Nacional Edgardo Rebagliati Martins / Docente Universidad Peruana Ciencias Aplicadas